Qué ocurrió después de la muerte de Herodes el Grande

La desaparición del rey en el año 4 a. C. fragmentó su reino, provocó una oleada de rebeliones y creó el complejo mapa político en el que crecería Jesús de Nazaret

Herodes el Grande gobernó Judea bajo la tutela de Roma en un periodo marcado por profundas tensiones políticas y religiosas. Su reinado transformó el territorio, pero la desconfianza hacia su figura y las disputas por el poder acompañaron buena parte de su gobierno.

La muerte de Herodes el Grande no devolvió la tranquilidad a Judea.

Ocurrió más bien lo contrario.

Durante décadas, el monarca había mantenido unido un territorio muy diverso gracias a una mezcla de habilidad política, respaldo romano y una considerable capacidad represiva. Cuando desapareció en el año 4 a. C., aquel equilibrio comenzó a resquebrajarse casi de inmediato.

Su reino fue dividido entre varios de sus hijos, Roma intervino cada vez con mayor intensidad y algunas regiones vivieron importantes episodios de violencia. El mapa político resultante sería, con algunos cambios, el que conocería Jesús de Nazaret durante prácticamente toda su vida.


Herodes dejó un reino dividido entre sus hijos

Herodes había modificado varias veces su testamento durante los últimos años de su vida, condicionado por las continuas intrigas familiares y por las sospechas que terminaron provocando incluso la ejecución de algunos de sus propios hijos.

Cuando murió, Augusto tuvo que decidir qué hacer con su herencia.

El emperador no permitió que ninguno de los sucesores heredara íntegramente el título y el poder que había disfrutado Herodes. El antiguo reino quedó repartido fundamentalmente entre Arquelao, Herodes Antipas y Filipo.

Arquelao recibió Judea, Samaria e Idumea y obtuvo el título de etnarca. Antipas gobernó Galilea y Perea como tetrarca, mientras que Filipo recibió territorios situados al nordeste del lago de Galilea, entre ellos Traconítide, Auranítide y Batanea.

Aquella división resulta fundamental para seguir los evangelios. Jesús nació en un territorio configurado por Herodes el Grande, pero creció en otro políticamente fragmentado entre sus herederos y Roma.


Arquelao convirtió Judea en un territorio difícil de gobernar

Arquelao recibió la parte más importante del antiguo reino, porque en sus dominios se encontraba Jerusalén.

Su gobierno, sin embargo, comenzó mal.

Flavio Josefo relata que poco después de la muerte de Herodes se produjeron graves disturbios durante la Pascua. Arquelao respondió militarmente y la represión causó numerosas víctimas. Aquello no ayudó precisamente a mejorar su reputación entre una población que ya desconfiaba de la dinastía herodiana.

Los problemas continuaron durante los años siguientes.

Finalmente, las quejas contra su gobierno llegaron hasta Augusto. En el año 6 d. C., el emperador decidió destituirlo y enviarlo al exilio en la Galia.

A partir de entonces se produjo un cambio importante.

Judea dejó de estar gobernada por un príncipe herodiano y pasó a depender de una administración romana mucho más directa.


Cuando Roma decidió gobernar Judea directamente

Después de la destitución de Arquelao, Judea, Samaria e Idumea quedaron bajo la autoridad de prefectos romanos subordinados al gobernador de Siria.

Este cambio alteró profundamente la relación entre la población y el poder imperial.

Roma ya no actuaba únicamente a través de una familia local. Sus propios representantes administraban el territorio.

Uno de ellos acabaría siendo especialmente conocido.

Poncio Pilato.

Fue prefecto de Judea aproximadamente entre los años 26 y 36 d. C., precisamente durante el periodo en el que Jesús desarrolló su actividad pública.

Conviene emplear aquí el término correcto. Aunque autores posteriores lo denominaron «procurador», una inscripción hallada en Cesarea Marítima confirma que Pilato ostentó el cargo de praefectus Iudaeae, prefecto de Judea.


Poncio Pilato y una relación difícil con los judíos

Las fuentes antiguas presentan a Pilato como un gobernante que mantuvo varios enfrentamientos con la población judía.

Flavio Josefo cuenta que introdujo en Jerusalén estandartes militares con imágenes vinculadas al emperador. La reacción popular fue tan intensa que finalmente tuvo que retirarlos.

Otro conflicto surgió por la construcción de un acueducto para abastecer Jerusalén. Pilato utilizó para financiarlo recursos procedentes del tesoro del Templo, una decisión que provocó protestas y una nueva intervención represiva.

No parece correcto afirmar que trasladara definitivamente su capital desde Cesarea a Jerusalén. Los prefectos mantenían su residencia habitual en Cesarea Marítima, aunque se desplazaban a Jerusalén durante acontecimientos especialmente sensibles, como la Pascua, cuando decenas de miles de peregrinos podían convertir cualquier incidente en un problema político.

Eso explica por qué Pilato se encontraba precisamente en Jerusalén durante los acontecimientos que terminaron con la crucifixión de Jesús.


Herodes Antipas gobernó casi toda la vida de Jesús

Mientras Judea experimentaba una administración romana directa, Galilea siguió gobernada por un miembro de la familia herodiana.

Herodes Antipas recibió Galilea y Perea en el año 4 a. C. y conservó ambas regiones hasta el 39 d. C.

Por tanto, Jesús pasó prácticamente toda su vida bajo su autoridad.

Antipas continuó, a menor escala, la política constructora de su padre. Séforis adquirió gran importancia durante los primeros años de su mandato y, hacia el año 20 d. C., comenzó a levantar Tiberíades junto al lago de Galilea.

La nueva ciudad recibió su nombre en honor del emperador Tiberio.

No era una elección casual.

Como había hecho su padre, Antipas entendía perfectamente que conservar el poder dependía de mantener una buena relación con Roma.


Juan el Bautista terminó chocando con Antipas

Uno de los episodios más conocidos de su gobierno fue la ejecución de Juan el Bautista.

Los evangelios relacionan el enfrentamiento con el matrimonio del tetrarca con Herodías. Juan criticó públicamente aquella unión y terminó encarcelado y ejecutado.

Flavio Josefo proporciona una explicación complementaria especialmente interesante. Según el historiador judío, Antipas temía la enorme influencia que Juan estaba adquiriendo entre la población y sospechaba que su capacidad de convocatoria pudiera terminar provocando algún tipo de rebelión.

Las dos explicaciones no tienen por qué excluirse.

Una crítica religiosa podía convertirse con facilidad en un problema político cuando quien la pronunciaba atraía a multitudes.

La muerte de Juan constituye también un precedente importante para entender el ambiente en el que posteriormente comenzó la actividad de Jesús.


Antipas aparece también en el proceso contra Jesús

El Evangelio de Lucas introduce a Herodes Antipas en el proceso que condujo a la muerte de Jesús.

Según este relato, Pilato descubrió que Jesús era galileo y decidió enviarlo a Antipas, que se encontraba entonces en Jerusalén con motivo de la Pascua.

El tetrarca interrogó al predicador y terminó devolviéndolo a Pilato.

Este episodio solo aparece en Lucas, por lo que su historicidad debe manejarse con cierta prudencia. Pero el escenario político que refleja es perfectamente reconocible.

Jesús procedía de un territorio gobernado por Antipas y fue ejecutado en otro administrado directamente por Roma.

Su historia transcurrió, por tanto, entre dos modalidades distintas del mismo dominio imperial.


Filipo gobernó el territorio más tranquilo de la herencia

El tercero de los grandes beneficiarios del reparto fue Filipo, generalmente conocido como Filipo el tetrarca.

Gobernó desde el año 4 a. C. hasta su muerte, hacia el 34 d. C., sobre territorios situados al nordeste del lago de Galilea.

Su gobierno fue aparentemente mucho más tranquilo que los de sus hermanos.

Fundó o engrandeció ciudades como Cesarea de Filipo, llamada así en honor del emperador, y Betsaida Julias.

Su figura aparece mucho menos en los evangelios, pero sus territorios formaban parte del espacio por el que se movieron Jesús y sus seguidores.

Conviene también aclarar una confusión habitual. Herodías, la esposa de Antipas criticada por Juan el Bautista, había estado casada anteriormente con otro miembro de la familia herodiana, conocido habitualmente como Herodes II o Herodes Filipo. No debe confundirse con Filipo el tetrarca.


La muerte de Herodes provocó una auténtica oleada de rebeliones

El reparto del reino no fue la única consecuencia de la muerte del monarca.

En el año 4 a. C. estallaron distintos levantamientos.

Flavio Josefo menciona a Simón, antiguo esclavo de Herodes, que llegó a proclamarse rey; a Atronges, un pastor que encabezó otro movimiento insurgente; y a Judas, hijo de Ezequías, que actuó en Galilea y tomó el arsenal real de Séforis.

No parece que estos grupos formaran una única rebelión coordinada.

Más bien muestran hasta qué punto la muerte de Herodes había abierto un vacío de poder que diferentes personajes intentaron aprovechar.

Roma no tardó en responder.


Quintilio Varo convirtió la rebelión en una advertencia

El gobernador de Siria, Publio Quintilio Varo, intervino con las fuerzas romanas para restablecer el orden.

Es el mismo Varo que, años después, moriría junto con tres legiones en el desastre del bosque de Teutoburgo.

En Judea actuó con la contundencia característica de la política romana ante una rebelión.

Josefo afirma que unos dos mil insurgentes fueron crucificados después de la campaña. La cifra procede de una fuente antigua y no puede comprobarse de manera independiente, pero permite hacerse una idea de la magnitud que el historiador atribuía a la represión.

En Galilea, Séforis fue tomada y destruida, mientras parte de su población fue esclavizada.

Todo aquello ocurrió cuando Jesús era todavía un niño.

Nazaret se encontraba a pocos kilómetros de Séforis.

No podemos saber qué recuerdos conservaron los habitantes de la aldea sobre aquellos acontecimientos ni qué pudo conocer personalmente Jesús años después. Aun así, resulta significativo que creciera en una región cuya generación anterior había contemplado de cerca el precio que Roma hacía pagar a quienes desafiaban su autoridad.


Jesús creció en un territorio dividido

El mapa político del tiempo de Jesús puede parecer complicado porque realmente lo era.

Galilea estaba gobernada por Herodes Antipas.

Judea, después del año 6 d. C., dependía de prefectos romanos.

Al nordeste permanecía la tetrarquía de Filipo.

Por encima de todos ellos estaba Roma.

Este entramado explica muchos detalles de los evangelios que de otro modo pueden parecer secundarios. Los desplazamientos entre Galilea y Judea implicaban pasar de una jurisdicción a otra. Jerusalén estaba sometida a una vigilancia especialmente intensa durante las fiestas. Los gobernantes locales debían demostrar continuamente su fidelidad al emperador.

Y cualquier movimiento popular numeroso podía despertar suspicacias.


Un «reino de Dios» dentro del Imperio de Roma

Fue en este contexto donde Jesús comenzó a anunciar la proximidad del «reino de Dios».

La expresión era fundamentalmente religiosa, pero quienes la escuchaban no vivían al margen de la política.

Habían conocido el reino de Herodes.

Vivían bajo sus hijos.

Y, por encima de ellos, estaba el emperador.

Roma había demostrado además en numerosas ocasiones qué ocurría cuando alguien pretendía alterar el orden.

No significa que la predicación de Jesús deba interpretarse simplemente como una rebelión política. Reducirla a eso deformaría tanto las fuentes como el judaísmo del siglo I.

Pero tampoco conviene arrancarla de su contexto.

Cuando Jesús terminó viajando a Jerusalén durante la Pascua, llegó a una ciudad gobernada por sacerdotes y aristócratas judíos, pero vigilada por soldados romanos y por un prefecto cuya principal obligación consistía precisamente en impedir los desórdenes.

Ese equilibrio ayuda a comprender cómo una predicación iniciada en las pequeñas aldeas de Galilea acabó desembocando en una crucifixión romana.

La serie «Jesús de Nazaret» profundiza en este complejo escenario político y social, siguiendo el mundo que rodeó a Jesús desde la Galilea gobernada por Herodes Antipas hasta la Judea de Poncio Pilato. Conocer quién ejercía realmente el poder en cada territorio permite entender mucho mejor por qué algunos acontecimientos de su vida tomaron el rumbo que conocemos.

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