Nuestro calendario y su origen romano

'Para conocer el tiempo hay que saber controlarlo, es decir, calcularlo'

Imagen ilustrativa de un calendario romano

Decía el arqueólogo Michel Gras, en una de sus obras, que “para conocer el tiempo hay que saber controlarlo, es decir, calcularlo”. En este sentido, nuestros antepasados tomaron consciencia del paso del tiempo cuando comenzaron a observar la alternancia entre el día y la noche, o entre los cambios estacionales. Curiosamente, aunque otras civilizaciones más vetustas como la egipcia ya lo usaba, la concepción de un calendario como el que utilizamos en la actualidad no se generó hasta el tiempo de la antigua Roma.

Del solsticio de invierno a la Navidad

Durante los días del solsticio, los paganos celebraban la festividad del Yule y los romanos el Saturnal

Celebración del solsticio de inviernos en Stonehenge. Vía: EFE

Desde antiguo, el ser humano ha estado muy ligado al transcurrir de los ciclos de la naturaleza, a los cuales siempre se ha ajustado para vivir en armonía. Es por este motivo que los solsticios y los equinoccios, los cuatro extremos del año solar, han estado ligados a grandes celebraciones, en las que se rendía culto al viaje del Sol a lo largo de los diferentes constelaciones y su transformación en las diferentes estaciones. En la historia, en estos cuatro puntos estacionales se han simbolizado los hitos que marcan la vida en la naturaleza: el nacimiento, el crecimiento, la madurez y la muerte. Todo el proceso conlleva la regeneración de la naturaleza y del ser.

El misterio de las estelas de guerrero

La ‘Cultura de las Estelas’ perteneció al final de la Edad del Bronce y tuvo un importante desarrollo en ciertas zonas de la actual Extremadura

Estela de guerrero Capilla VIII. Vía: IES Muñoz Torrero

En Historia no parece serio hablar de misterio, pero en este caso ciertamente es así. Nadie puede saber a ciencia cierta, entre otras cuestiones, y con los datos arqueológicos de los que disponemos, ni la funcionalidad ni el significado que tuvieron las estelas de guerrero en su tiempo.

Ernst Curtius: desenterrando al Hermes de Praxíteles

Ninguna de las obras que extrajo mereció tanta fama para Curtius como el mármol de Hermes con el niño Dioniso

Ernst Curtius y el Hermes de Praxíteles
Ernst Curtius es uno de esos grandes arqueólogos decimonónicos que todo niño sueña con ser de mayor. Nació en Lübeck, una población situada al norte de Alemania, en el año 1814. Durante su vida, viajó extensamente por toda Grecia y llegó a alcanzar un gran renombre como historiador y como arqueólogo.