Territorio de al-Ándalus (II): la organización hasta Abd al-Rahman III

Desde Mahoma hasta la dinastía Omeya, los musulmanes se expandieron fugazmente y llegaron a controlar grandes extensiones territoriales

Miniatura en la que se representa a Abd al-Rahman I, miembro de la dinastía omeya

En la entrada anterior vimos como, desde Mahoma hasta la dinastía Omeya, los musulmanes se expandieron fugazmente y llegaron a controlar grandes extensiones territoriales, pero ¿cómo organizaron esas zonas tan extensas y heterogéneas? El existo de la expansión y la organización inicial del Imperio islámico se fundamentó en la tolerancia hacia las diversas culturas que lo fueron integrando. A los pueblos que reconocían la soberanía del Califa de Damasco, pacíficamente, se les otorgaba la categoría de dimmies y se les respetaba su cultura, sus tierras e, incluso, sus cargos. Y si, además, pasaban a ser mawlas o convertidos al islam obtenían ciertos beneficios como una reducción de las cargas fiscales.

En el Imperio, la cima de la pirámide la ocupaba el Califa, el dirigente político-religioso de todo el territorio islámico. Estaba asesorado por la sura, un gran órgano consultivo. En el segundo escalón, en tiempos de los Omeyas, se encontraban los emires, encargados del gobierno de las cinco grandes provincias imperiales con sede en Kufa, Medina, Mosul, Fustat y Kairuán. Los qadis, por debajo, eran jueces nombrados por estos emires y se encargaban de aplicar la sharia o ley islámica. El aparato administrativo, de fuerte influencia siria, bizantina e iraní, daba cohesión a todo el entramado.

Tras su conquista, y como emirato dependiente de Damasco, al-Ándalus pasó a formar parte de la provincia de Ifriqiya y a ser gobernada por Musa ibn Nusayr. El walí servía, tanto política como religiosamente, al Califa de Damasco. Posteriormente, en el 714, Musa fue sustituido en el cargo por su hijo Abd al-Aziz y, más tarde, por otros walíes. Desde entonces se empezó a denominar como al-Ándalus a todas las tierras hispanas ocupadas por los musulmanes.

La situación política andalusí cambió cuando Marwan II, el último Califa omeya, fue derrotado en la batalla del Gran Zab. Se precipitó, así, el cambio de la dinastía Omeya por la Abasida. Su fundador, Abu-I-Abbas, persiguió y masacró a todos los omeyas, excepto a Abd al-Rahman, que escapó a al-Ándalus. Allí tomó el mando y fundó el emirato independiente de Córdoba en el 756. Entonces, al-Ándalus se independizó políticamente de Bagdad, la nueva capital abasí.

Abd al-Rahman I asumió la concentración de todos los poderes políticos y jurídicos, y se apoyó en la figura del hachib, un primer ministro que encauzaba la labor de los visires y qadis. Sus sucesores tuvieron que hacer frente a las diferentes revueltas internas, esparcidas por el tiempo y el espacio, protagonizadas por mozárabes, beréberes y muladíes. Al fin, con la subida al trono de Abd al-Rahman III en 912, se consiguió pacificar los territorios y se restableció la autoridad real. Asimismo, en 929, Abd al-Rahman III inauguró el Califato Independiente de Córdoba, con su proclamación como Califa, y dejó de reconocer la supremacía religiosa de Bagdad. Su mandato, y el de sus sucesores, destacó por la estabilidad política, la prosperidad económica y la fortaleza de un ejército que pudo contener las revueltas internas y el empuje de los reinos cristianos del norte.

En la siguiente entrada trataremos la división geográfica del territorio andalusí hasta Abd al-Rahman III.

Bibliografía

IBN ABD AL-HAKAM, Conquista del Norte de África y de España. Valencia, Anúbar, 1966.

SÁNCHEZ-ALBORNOZ, C. La España musulmana (2 volúmenes). Madrid, Espasa-Calpe, 1978.

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