Los orígenes del Camino de Santiago... ¿tradición o historia?

Según la tradición, el apóstol Santiago surcó el mar Mediterráneo hasta llegar a la Gallaecia

Ilustración del Camino de Santiago en la Edad Media. Vía: Vive Camino | Chema Román

El apóstol Santiago, según la tradición, surcó el mar Mediterráneo hasta llegar a la Gallaecia. Su labor evangelizadora no tuvo mucho éxito en estas tierras hispanas, así que regresó a Jerusalén. Allí, en el año 44, Herodes Agripa ordenó su decapitación y sus discípulos trasladaron su cadáver en una barca hasta las costas gallegas donde, tras remontar el río Ulla, arribaron al puerto romano de Iria Flavia. Finalmente, fue enterrado en un compostum o cementerio en el cercano bosque de Liberum Donum, donde se levantó un altar sobre un arca de mármol. Después de varias persecuciones y prohibiciones de visitar el lugar, la tumba cayó en el olvido.

No existen más noticias de este hecho hasta el 813 cuando, según sigue la tradición, el ermitaño Pelagio divisó un resplandor de una estrella sobre el bosque de Liberum Donum, en el obispado de Iria Flavia. Comunicó su observación al obispo Teodomiro y el 25 de julio del 814 se descubrió allí una tumba con unos restos humanos que, por determinación del eclesiástico, fueron considerados como los del apóstol Santiago. Queda claro que el mito de Santiago, al igual que el auge de las creencias en las reliquias, es el fruto de la victoria de la mentalidad emocional sobre la racional en el medievo.

Alfonso II el Casto, el monarca asturiano, tras conocer la noticia se trasladó en peregrinación al lugar y mandó construir allí la pequeña basílica de Antealtares y un monasterio benedictino. La voz del descubrimiento de las reliquias del apóstol se extendió por los reinos cristianos peninsulares, y por el resto de Europa, y comenzaron a acudir gentes en peregrinación de todos los lugares a Santiago de Compostela. Alfonso III, en consecuencia, tuvo que construir una basílica mayor para darles acogida.

En el siglo X, Sancho el Mayor de Navarra hizo más seguro el camino de Santiago construyendo las primeras hospederías y monasterios. No obstante, el gran apogeo de las peregrinaciones jacobeas no llegó hasta el siglo siguiente, cuando comenzaron a llegar peregrinos de todo el mundo conocido. Es más, en 1095, el obispo compostelano don Diego Gelmírez convenció al papa Urbano II para que trasladase la sede episcopal de Iria Flavia a Compostela y consiguió, asimismo, el ascenso de Santiago a la categoría de "sede apostólica". Además, promovió la construcción de la catedral románica que hoy conocemos. Compostela, junto con Roma y Jerusalén, se convirtió en uno de los centros más importantes de peregrinación cristiana.

En el siglo XII, se redactó el Códice Calixtino, que es la primera guía del peregrino, y el Papa Calixto II concedió el “Jubileo Pleno del Año Santo” a la Iglesia Compostelana. Y, por último, Alejandro III concedió y confirmó el privilegio del año jubilar.


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